Estafado en Filipinas

Estafado en Filipinas

1 octubre, 2019 2 Por Alberto


Uno de los sueños más recurrentes que la mayoría tenemos, es poder viajar por Filipinas. Tener un sinfín de aventuras y ver sus playas paradisíacas, beber su cerveza, tomarse un coco a la sombra de una palmera mientras te tumbas completamente solo sobre arena blanca absorto en tus propios pensamientos. Pues bien, Filipinas no es lo que parece.  Si quieres leer sobre la otra filipinas, haz clic aquí. En los cuatro meses que estuve viajando a través de sus islas, me pasaron cantidad de situaciones surrealistas. No te dejes engañar, timar y que no abusen de ti como turista. Es difícil, pero al final, es posible. Esta es la historia de cómo me sentí estafado en Filipinas.

El timo filipino

Recuerdo un día, en Guindulman, camino a Anda, como la mejor metáfora de lo que es realmente Filipinas. Desde Loboc, habíamos subido a un autobús para ir a una zona llamada Anda, pero la última parada del autobús fue en Guindulman, un pueblo a unos veinte minutos de Anda. Cuando bajamos, se nos echaron encima todos los conductores de triciclos para llevarnos a Anda por la nada despreciable cifra de 300 Pesos filipinos. En un viaje normal, de turista de veinte días, hubiera aceptado y listos. Porque lo que menos quiero es comerme la cabeza y perder el tiempo en cómo ir a los sitios… Pero no, ya llevábamos un tiempo viviendo por Filipinas y sabíamos cómo funcionaban los transportes. Así que rechazando su ofrecimiento, nos dispusimos a esperar al autobús que une Guindulman-Anda. La «Mafia del transporte filipino» tiene muy estudiado cómo hacerlo, así que poco a poco se nos iban acercando conductores para decirnos que no había buses, que Anda estaba muy lejos… Lo que siempre funciona, meter el miedo en el cuerpo para que te pienses que te vas a quedar tirado en ese lugar. Después de que a todos les dijéramos que no estábamos dispuestos a pagar 300 pesos por un trayecto de 3 kilómetros, una señora muy amable empezó a decirnos cómo podíamos ir a Anda pagando poco: Habían Vans (furgonetas) a las que puedes subirte si van en tu dirección, había un triciclo compartido por treinta pesos, un autobús… Pero de repente, un conductor se acerca a la señora y le empieza a gritar visiblemente molesto con que nos explicara todas esas opciones. Así que ahí ya no aguanté más y me encaré con el señor.

La señora no tiene la culpa

No iba a tolerar que le hablasen así a alguien que solo nos intentaba ayudar. El «castigo» de los conductores a mi enfrentamiento fue tenernos retenidos durante dos horas en la estación de autobuses a la espera de encontrar un medio para poder llegar a Anda. ¿Cómo nos retuvieron? Pues bien, todos los transportes se detienen en el mismo lugar, así que cuando yo iba a preguntar si llegaban a Anda, ya había algún conductor que le había dicho al chófer que no había nadie que fuera a Anda. Así que uno tras otro, los autobuses, los triciclos, las vans y los jeepneys nos dejaron ahí tirados por culpa de esa mafia. Lo peor de todo, era ver y sentir cómo se reían de mí en mi propia cara (lo estaban disfrutando y se notaba) esa sensación mezcla de angustia y rabia, de ganas de mandarlos a todos a la mierda y si hace falta pelear. Cuando ya empecé a estar muy harto, me acerqué a una señora que quería ir a Anda y vi cómo se subía a un triciclo compartido a esperar a que se llenara, así que fuimos con nuestras mochilas a subirnos a ese triciclo, y… ¡¡Ohh!! ¡¡Sorpresa!! Nos dijeron que no iba a Anda, que la parada de triciclos para ir a Anda estaba más lejos. Que ese no era el lugar adecuado. ¡¡Venga ya, tí!! ¡¡Me estáis inflando los huevos!!

A buenas horas mangas verdes

Así que justo en ese mismo momento, me puse en mitad de la carretera a detener a un coche de policía que estaba circulando, y delante de los conductores pregunté a los policías dónde estaba la parada, me respondieron que ese triciclo iba a Anda, así que como buenamente pude, les expliqué a los policías que llevábamos dos horas esperando y que esos señores (señalando a todos ellos, uno a uno.) se habían dedicado a amargarme y dificultarme la mañana por no querer ir en triciclo privado. El policía solo dijo tres palabras: ¡¡It’s enough!! (ya es suficiente). Ahí, veinte segundos después, el señor del triciclo nos metió las mochilas en la vaca y nos llevó a Anda por treinta pesos. Este es el juego de los filipinos. Así son ellos. Siempre intentarán por lo legal o lo criminal que tu no pagues un precio justo.

La gran mayoría de problemas los vas a tener con la gente relacionada con los transportes o bien con aquellos que se dedican a vender servicios de cara al turista. Otro de los timos recurrentes en Filipinas es en las carenderías.

Carendería en Filipinas

Las carenderías son unos restaurantes donde hay bandejas de comida y tu tienes que escoger aquello que te guste y pagar al llegar a caja, como si fuera un buffet. Pues bien, son unos maestros en el arte de inflarte los precios. Una recomendación que te doy es que antes de elegir platos, preguntes los precios de cada cosa, así a la hora de pagar tu ya llevas la cuenta en la mente y si el precio es muy diferente de lo que has calculado, siempre puedes pedir la cuenta y que te digan qué es cada cosa y el precio. Vigila con los refrescos de lata, son mucho más caros que los de botella. Si bebes coca-cola, siempre botella.

Comer pinchos callejeros

Las barbacoas caseras que hacen los filipinos son muy baratas y están muy ricas. Pero también te van a intentar colar un sobreprecio. Una vez, en un pueblo, había estado hablando con las camareras del hotel para que me dijeran dónde comer bueno y barato. Me explicaron cuánto valían los pinchos y cual era la mejor casa para una barbacoa. Así que allí que fui a probarlos. Mi sorpresa fue que al llegar a la casa donde se hacen barbacoas, una señora sin ni siquiera llegar yo a preguntar, ya le estaba diciendo a la cajera que me cobrara cincuenta pesos por cada pincho. Es obvio que cuando sé que algo vale diez, no voy a pagar cincuenta. Así que le dije a la señora que se fuera a tomar por culo, que iba a estar una semana viviendo allí y que no comería nunca en su barbacoa. Y no solo eso, le dije que a todos aquellos que estuvieran en mi hotel, les diría que se come muy mal y que no aconsejaría ir a su casa. Y eso hice. Al final, me supo mal por la señora, pero la próxima vez va a timar a su santo padre.

Hasta el rabo todo es timo

Así es, moverse por Filipinas es complicado, tedioso y extenuante. En la última semana en Moalboal, había tenido una ligera infección de oído así que mi seguro me había dado cita con el Hospital de Manila para el día siguiente. Tenía que estar allí antes de las cuatro de la tarde porque era la hora en la que los especialistas suelen acabar su turno. La noche de antes del médico la estaba pasando en un ferry que llegó con cinco horas de retraso y tenía menos de una hora para cruzar Manila y llegar al hospital. Pues bien, nada más bajar del barco fui en busca de un taxi y a la salida del puerto, te avasallan taxistas. Pedí ir rápido y sin demora al hospital y con taxímetro. Pues ni una cosa ni la otra. Después de cargar en el maletero las mochilas, el conductor no quería poner el taxímetro, quería cobrar un precio cerrado. Y peor aún, no sabía cuánto cobrarnos y se lo estaba preguntando a otros taxistas. Tío, ¡¡que tengo que ir cagando leches al hospital!! ¡¡Pon el taxímetro!! Ni puto caso. Se la suda todo.

La paciencia tiene un límite

Y en ese momento, que ya llevaba cuatro largos meses aguantando y aguantando, exploté. No pude contenerme más. No me enorgullezco de todo lo que hice y dije, pero tenía que ir al hospital con urgencia y hasta el último momento estaban intentando timarme. Estaban jugando con mi salud, es cierto que no era un asunto de vida o muerte, pero creo que si aparezco con un puñal clavado en la espalda, hubieran actuado igual. Algunos filipinos, son de la peor calaña que hay en el mundo. Pero claro, de estas cosas jamás te darás cuenta si viajas vente o veinticinco días por el país.

Al fin y al cabo es Filipinas

No solo de playas espectaculares vive filipinas

Esto también forma parte de la forma de ser del país. Filipinas no es un país cómodo para viajar barato. No. Filipinas está muy bien para ir como turista vacacional y pagar por acceder a las mejores playas o para ir a hacer submarinismo quedándote cinco o seis días en cada sitio al que vayas. Porque si crees que recorrer Filipinas de mochilero es fácil, estás muy equivocado.

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