Historia de un error

Historia de un error

29 diciembre, 2018 0 Por Alberto

 

Aquello que no entiendas, pregúntalo

Sin duda esta sería la moraleja, la enseñanza que hemos aprendido en esta situación en concreto. Aquí está la historia que nos sucedió en Bangkok. Ahora, días después, la encuentro muy divertida e incluso llego a reírme. Pero puedo garantizar, que fue uno de los errores que más pienso recordar en la vida. Me ha servido para comprender que si algo no entiendes, debes preguntarlo. Creer que o suponer que, no tienen ninguna utilidad en algunos casos. Más vale asegurarte preguntando la duda. Supongo que has oído hablar de que puedes viajar por el mundo a cambio de alojamiento gratis, ¿verdad? Pues esta es la historia de un error que nos podría haber costado arruinar las vacaciones a una familia en plena navidad.

Vivir en Bangkok gratis

A través de unas plataformas que ponen en contacto a personas particulares de todo el mundo con pasajeros, como son Trusted Housesitters y Housecarer.com, podrás planear tu viaje para alojarte gratis en cualquier lugar del mundo a cambio de cuidar una mascota. Eso hicimos nosotros, y nos vinimos a vivir a Bangkok gratis durante casi un mes. Serían días de descanso para poder trabajar en los blogs y visitar la ciudad de manera tranquila. O eso creíamos…

Todo atado y bien atado

Habíamos aplicado a una oferta en las páginas antes dichas,  Housesitters y Housecarer y habíamos conseguido pasar las navidades y el fin de año en la capital de Tailandia, Bangkok. Todo apuntaba a que serían unas semanas tranquilas, sin estrés, disfrutar de un merecido descanso después de llevar viajando por el mundo cerca de diez meses. Aterrizamos en Bangkok cuatro días antes de «mudarnos» a la casa. Un hostel cutre donde compartíamos habitación con ocho o nueve personas más, a la espera de quedar con los dueños del can para que nos informaran de todas las cuestiones referentes al cuidado de la casa y del animal.

Nuestra perra tailandesa

Un perro siempre es un fiel amigo… menos cuando hueles a gato.

Y así fue

Nos presentamos en su domicilio a la hora señalada, conocimos a los dueños y a «Mutley»  la perra de ocho años a la que le íbamos a dedicar las próximas tres semanas. Y nos llevaron a cenar a un restaurante típico callejero cerca de nuestra futura casa. Allí estuvimos hablando, conociéndonos y nos explicaron cómo había que cuidar de Mutley mientras saboreábamos unos platos riquísimos de gastronomía local. Todo se ató durante la cena.

«Todo me pasa a mí»

La noche anterior al día de irnos a la casa, a eso de las 21 horas recibimos un mensaje de la dueña pidiéndonos perdón. Lamentando y disculpándose porqué había tenido un accidente doméstico y con agua hirviendo, se había quemado (quemaduras de segundo grado) la parte del estómago y el médico le había recomendado reposo y la no exposición al sol. ¡¡¡NO ME JODAS!!! Recupérate pronto pero… ¡¡Menuda putada!! Algo que perjudicaba enormemente el trato de cuidar de la perra durante sus tres semanas de vacaciones en las playas e islas de Tailandia… Teníamos que buscar ¡¡dónde dormir en Tailandia las próximas tres semanas desde yaaa!!

Gabinete de crisis, rápido

Después de recibir el mensaje y desearle una pronta y rápida recuperación (maldiciendo hacia nuestros adentros la putada que se nos venía encima) y después de comunicarles que ya nos espabilaríamos para encontrar algo rápido donde dormir, nos entró el estrés. La ansiedad, algunos (bastantes) llantos por los imprevistos, los nervios y la incertidumbre nos asaltaron. Todo lo veíamos negro. No podíamos entender porqué nos tenía que pasar ¡la noche antes! Así que superado el mal trago, no nos quedó más remedio que montar un gabinete urgente de crisis. Eran las diez de la noche y estábamos con los portátiles encendidos, aplicando a todas las ofertas que habían en las páginas de cuidar animales, indiscriminadamente. ¡¡SIN CONTROL!! No estamos para ser exquisitos y aplicar solo a las que tienen piscina… A gatos, tortugas, perro, más de 3 perros, jaurías de perros y gatos… si hubieran habido mofetas o cerdos, también habríamos aplicado. La cuestión era disparar a discreción para aumentar el porcentaje de éxito.

Y se hizo la luz

Dos minutos después, recibimos la aceptación para cuidar un gato durante tres días y empezar al día siguiente. ¡¡TOMA YA!! ¡Joder qué suerte! Respiramos de tranquilidad, íbamos a tener tres días para aclarar, buscar y preparar los siguientes pasos. Perfecto. Nos fuimos a dormir con la tranquilidad que al día siguiente iba a salir el sol. Y SALIÓ… ¡¡vaya si salió!!

Día D

Viernes. Era el día en el que teníamos que haber ido a cuidar a un perro pero por el accidente de la dueña, nos vimos buscando nuevas opciones. Y encontramos un gato. Y ahí que fuimos. Conocimos a la dueña de Miss Kitty (la gata), y nos ofreció alargar el cuidado de la gata hasta el siete de enero. ¡¡PERFECTO!! Todo vuelve a encauzarse, ¡qué tranquilidad! Estábamos ya con las maletas deshechas en la habitación, esperando al taxi que iba a llevar a la dueña al aeropuerto. Eran las siete de la tarde. Y de repente… un mensaje llegó al móvil. No era un mensaje cualquiera, no. Era un mensaje de la primera dueña, la del perro.

¿Todo bien?

Mírala ella que preocupada. < Sí, gracias. Al final encontramos otro animal que cuidar y podremos estar en Bangkok los días que teníamos previsto. ¿Y tú? ¿Cómo estás? > Recibimos las respuesta y se nos cayó el mundo, un jarro de agua fría. Una gota de sudor nos empezó a recorrer el pescuezo… nervios, sudor, incredulidad, estrés, ansiedad, falta de aire, dificultad para respirar, temblores, pánico…. ¡¡¡PÁNICO!!! Ostia puta pero… ¿¡qué ha pasado!? Sí, exacto. Se habían ido de vacaciones y daban por hecho que estábamos en su casa. Pero no lo estábamos. De hecho estábamos a siete kilómetros. En la hora punta de Bangkok. Así que descubrimos gracias a la dueña de la gata, que habíamos cometido un gran error. Habíamos dado por hecho que con la explicación del accidente, se había cancelado el trato. Pero no había sido así. Nosotros mismos nos habíamos montado una película que nos había costado «sangre, sudor y lágrimas» arreglar….. ¡¡PARA NADA!! Porque todo estaba bien.

Menudo fin de semana

Todo el fin de semana tuve que ir de casa a casa. Dos veces al día, una vez a las siete de la mañana y otra vez a las cuatro de la tarde. A una distancia de siete malditos kilómetros de por sentido. 28 kilómetros al día para cuidar y alimentar a la gata y regresar a la casa del perro donde vivíamos. Sin olvidar que Mutley, la perra, no soporta ver a un gato u olerlo, se vuelve literalmente loca. Si ya la historia parecía rocambolesca y delirante, hay que añadir «un extra». Al llegar a la casa de la perra, nos esperaba con ladridos y enseñándonos los colmillos. Así que ahí estábamos. A las casi las once de la noche y la perra que no nos permitía entrar al recinto de la casa a recoger las llaves para entrar. Las maletas tiradas en mitad de la calle, pensando desesperados cómo hacerla callar… y cada vez que le decías: ¡¡Shhhhhh!! más ladraba la muy «jdfklxxk». No había más opción, había que entrar. Poniéndonos toda la ropa de abrigo posible encima (¡que tontos! Como si eso bastase para protegerte de un mordisco de perro.. ¿verdad?) conseguimos entrar y recuperar las llaves. Y no sucedió nada. La perra dejó de ladrar y solo quería comer. Demasiadas horas sola y hambrienta. Cualquiera de nosotros se hubiera comportado igual.

He de añadir

Después de haber «disparado» a diestro y siniestro a todas las opciones de alojamiento disponibles en las plataformas para la ciudad de Bangkok y de haber resuelto de la única manera que vimos posible el fallo tan garrafal que cometimos (¡¡¡POR NO PREGUNTAR!!! Lección aprendida.), nos empezaron a aceptar para cuidar de sus mascotas un montón de dueños. Así que nos vimos de la noche a la mañana con un montón de animales por cuidar. Una gata, la perra (que no pero que sí…) dos perros, y algún que otro animal de compañía más que ahora no recuerdo. Al final, no pudimos hacer nada más que decir no. Y ahora, estamos en Filipinas, sí, ¡¡Filipinas!! Durante un mes y medio vamos a cuidar de dos perritas… bueno, «perritas»… dos hembras Rottweiler que asustan. Pero son puro amor. Y aquí estamos!!

 

 

Siéntete libre de opinar, criticar o incluso reírte de mí (si crees que lo merezco), o puede que alguna vez te haya pasado algo parecido. Si has leído más posts de este blog habrás podido comprobar y ver que no censuro ni maquillo lo que escribo. Aquí no hay control de palabras. Así que ya sabes, anímate: explica y  cuenta, entre todos, nos podemos reír mucho de nuestras anécdotas.

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