La isla norte de Nueva Zelanda

La isla norte de Nueva Zelanda

29 mayo, 2018 0 Por Alberto

Parte I: Isla Norte.

De Auckland a Wellington:

Para llegar a la ciudad de Auckland, lo primero desctacable, son las 39 malditas horas que vas a pasar para llegar allí. Vuelos de 8-9 horas con escalas de 5 horas en lugares tan maravillosos y místicos como el aeropuerto de Estambul y el de Hong-Kong. Nótese la ironía con la que me expreso, claro.

Lo segundo a destacar es que las 2 ciudades que más me apetecía conocer de toda Nueva Zelanda: Auckland y Wellington… ¡¡NO TIENEN NADA!! Me explico, ciudades bastante europeizadas donde pasar los síntomas del jet-lag sin problemas. Fuera de eso y algún que otro museo interesante, si no quieres ver cómo te vuela la pasta, hay muy pocas cosas más que hacer… ¡Ojo! como turista de “bajo presupuesto”.

Circulando de regreso y después de las lluvias se rompió la carretera.

Gracias a éste “percance” tuvimos que conducir por un camino forestal durante 50 kms sin apenas gasolina

Pero a lo que iba…. He aquí mi relato de mi visita a Nueva Zelanda:

Tardamos 2 días en llegar. Estoy agotado, tengo sueño y mucha hambre. Todo el mundo sabe lo bien que se come en el avión. Nivel estrella Michelín. Al recoger mi maleta (como se nota que no era Iberia porque las maletas llegaron rápidas…) en la cinta del aeropuerto de Auckland, me fijo en mis piernas: hinchadas como si fueran las piernas de un maldito elefante ¡por dios! Esto es lo que pasa cuando nunca te dan pasillo en los aviones y te sientan entre medio de gente que duerme del tirón. ¡Malditos! ¡Cómo los odio! Y si encima roncan…. ¡¡ya ni te cuento!!Los primeros días son extraños, me despierto muy pronto, me cuesta dormir, tengo hambre en horas muy raras, acabo de comer y tengo mucho sueño, estoy agotado, pocas ganas de hacer cosas…. ¡Sí, el maravilloso Jetlag! A partir de ahí, todo mejora…



La Forbidden World Highway.

No sé por qué la llaman autopista… eso lo primero de todo. Menuda gracia que la primera “parada a visitar” que te señalan dentro de esa carretera sea un túnel excavado por los pioneros buscadores de oro. Sobretodo porque eso hicimos. Buscar oro. Estuvimos andando dos horas entre medio de campos con ovejas y vacas y poniéndonos de barro hasta las rodillas y… nada. Nada de nada. Lo volveremos a intentar la segunda vez que vayamos. Otra de las bromitas que tuvo esa carretera fue el “Bridge to Somewhere”. Hicimos más de 30 kms de ida por una carretera, ¡qué digo carretera! ¡Por un sendero para cabras! y antes de llegar, a escasos 5 kms del lugar, nos encontramos una valla que cerraba el paso con la leyenda: No pasar. Productos peligrosos para los humanos. No garantizamos la seguridad. Así que nada más leer eso, media vuelta y de nuevo,más de 30 kms de regreso, por el mismo maldito camino de carros.

¿Alguien puede decirme quién ha sido el ingeniero de las carreteras de Nueva Zelanda?

Si no quieres volverte loco deberías leer cómo funcionan las normas viales de Nueva Zelanda

Lee el manual antes de “aventurarte” en las carreteras kiwis.

¡Putos kiwis! ¡Ya podían circular por las carreteras como todo dios! ¡No, ellos a su puta bola! Menudo caos la primera glorieta. A veces, conduciendo te da la paranoia que estas en el carril equivocado, ¡mucho ojo! ¡En serio!. Por todo lo demás, lo más destacable es la sensación que tienes al conducir. A ver si soy capaz de hacerme entender… Si de Auckland a Rotorua hay (por ejemplo) 300Kms y yo voy a una velocidad media de 100Kms/h…. la respuesta a: ¿Cuánto tiempo voy a tardar?, es fácil… ¿verdad? ¡PUES NI DE COÑA!¡ERROR, CRASO ERROR! Algo pasa en la línea Espacio-Tiempo. ¡De verdad! ¡Se tardan unas 4 horas! Es como entrar en otra dimensión. Y eso que las carreteras y autopistas son rectas y aburridas. Muy muy rectas y muy muy aburridas. Así que un consejo: No hagas cálculos de a qué hora vas a llegar a un sitio, solo llega.

Y… ¿qué decir del tiempo?

Del clima. Otro personaje malvado que al primer despiste que tienes, te da una buena colleja… Como la que recibimos estando en Cape Reinga. Tres días de lluvias ininterrumpidas y por fin, el sol. Aprovechamos la pausa y decidimos hacer unas fotos del faro…. ¡¡Y nos cae la del pulpo!! ¡Menudo aguacero! Estamos helados y empapados. Volvemos corriendo al coche y nos ponemos ropa seca y de pronto… el sol. Y como buen ser humano, soy de los de tropezar dos e incluso tres veces en la misma piedra. Así que decidimos salir de nuevo en busca de la foto perfecta: el cielo gris, el mar embravecido rompiendo contra las rocas… Sí, segundo aguacero, mayor y más intenso que el primero. ¡Nos pasa por ir de listos! Es cierto que la segunda vez nos la buscamos nosotros. Pero en fin… si no aciertan los “hombres del tiempo” de la tele… ¡Como para hacerlo nosotros!

Porque en Nueva Zelanda, cuando llueve…

Llueve. Nada de unas pocas horas, no. Días. Días enteros. Tanto que regresando una tarde hacia donde nos albergábamos, las lluvias se habían llevado un trozo de carretera. ¡Unos 30- 40 metros para ser exactos! Era el camino más fácil ¡ y había desaparecido! Sin apenas gasolina y oscureciendo. Completamente acojonados conduciendo por una pista forestal. En el coche: silencio. nadie hablaba, de vez en cuando se oían las risas forzadas por los nervios. Sin el aire acondicionado encendido para no consumir más gasolina de la necesaria, sin bajar las ventanillas…. Y de pronto, la ciudad. Wellington. ¡Lo habíamos conseguido!, ¡Qué manera de sufrir!



Y por fin estábamos en Wellington. Habíamos llegado.

Todos los desatinos se olvidaron al ver la ciudad de Wellington a mis pies.

Sin lugar a dudas, la isla norte no te va a dejar indiferente. A nosotros, nos encantó a pesar de las inclemencias del tiempo, de que “desaparezcan” las carreteras, en fin, a pesar de todos los pesares… ¡Volveríamos sin pensárnoslo!

Disfruten.

 

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