La isla sur de Nueva Zelanda

La isla sur de Nueva Zelanda

31 mayo, 2018 0 Por Alberto

Parte II: Isla sur de Nueva Zelanda.

Dando una vuelta.

Escribo esta entrada desde una isla perdida del pacífico mientras oigo y miro el mar, me acuerdo y no puedo evitar reírme de los días en los que nos moríamos de frío por las noches, ¡¡vaya trasto de caravana que alquilamos!! ¡¡ Menudo frío entraba por todas partes!! ¡¡Jajaja!! Parece que haya pasado ya mucho tiempo y apenas hace dos meses que empezamos a recorrer el mundo con la idea de disfrutar y vivir. De conocer y visitar sitios diferentes. Y aquí estamos. En una isla perdida de Tonga llamada Uoleva. Pero eso ya os lo contaré otro día, que también tiene tela…

Casi puedes llegar a tocarlos. CASI. Yo, no quise arriesgarme.

La isla sur de Nueva Zelanda es completamente diferente a la isla norte. Aquí puedes pararte a ver una playa espectacular y al acercarte tener un león marino rugiendo o roncando a menos de dos metros. Impresionan, mucho. Debido al último terremoto que asoló las costas de Nueva Zelanda están reconstruyendo un gran tramo de la SH-1 que va desde Picton a Christchurch, la alternativa tiene unas cinco horas de trayecto. Esa carretera la van abriendo un día si, un día no. Avisados estáis.

Volviendo al asunto de este post…

Recuerdo lo felices y alegres que estábamos el día que llegamos a recoger nuestra caravana, que en verdad era lo que llaman una “sleepervan”. Iba a ser nuestro hogar durante tres semanas. ¡¡Que bien y qué agustito íbamos a estar!! Pobres ilusos… UPS…. ¡esperad! No quiero adelantarme aún… Cuando llegamos al rent a car para retirar el vehículo, la chica del mostrador me comunicó que no valía mi carné de conducir. Que tiene que estar sellado por “ noséquién” de Nueva Zelanda y en inglés. ¡Menudo ataque de risa que nos entró! Esa risa tonta y nerviosa de: y ¿ahora qué hacemos? ¿Cómo salimos de ésta? Supongo que solo mirándome la cara, la chica entendió qué era lo que me estaba pasando por la cabeza… y es que es cierto eso de que a veces, las palabras sobran. Amablemente nos informó que fuéramos al I-Site del aeropuerto para que me hagan un certificado exprés ( todo lo exprés significa:“ MAS CARO TODAVÍA”). Sí, en total: 65NZ$. ¡¡Maldita la gracia!! Más otros 20NZ$ por ser festivo. ¡Ole tú! ¡Eso es hacer bingo! Cuando uno empieza un país con el pie izquierdo… Pero al final, después de 4h y media de trámites, ahí estaba yo, más chulo que un ocho con mi Toyota sleepervan… Y dispuesto a devorar las carreteras del país.



 

Como iba explicando antes…

¡¡Que bien y qué a gustito íbamos a estar!! Tres semanas “embutidos” en una furgoneta a la que le habían quitado los asientos traseros, con dos tablones de madera para hacer y deshacer cada día la cama. ¡¡Cada día!! Y por cada siesta, ¡¡hacerla y deshacerla de nuevo!! Hay más opciones de caravanas, claro. Pero nosotros quisimos economizar. El primer día todo tiene gracia: los ruidos extraños, el pésimo encaje de las puertas al cerrarlas, el sujetar una puerta cada vez que pasa un camión por el lado porque podría abrirse con la presión… y aún tiene más gracia si el día que entregas la furgo en el rent a car, se te cae la puerta al suelo. Si, exacto. Así fue. Literalmente al suelo.

Al devolver la furgoneta se nos cayó la puerta al suelo

Así entregamos la furgo en el rent a car.

No sabíamos si echarnos a reír o llorar. En cuanto la chica del rent a car empezó a reír a carcajadas, supimos que nos íbamos a ahorrar tener que explicarles una historia inventada del porqué no teníamos la mesa de cámping que nos habían dado el primer día. Y es que el asunto es tan absurdo como inverosímil…

Ahí va la historia:

El primer día, paramos a ver la puesta de sol mientras tomábamos un café con leche sentados en nuestras sillas y mesa de cámping. Como auténticos domingueros. Pero había un pequeño problema con la ubicación de la mesa cuando montabas la cama. ¡NO SABÍAS DONDE PONERLA POR QUE NO CABÍA! Así que la puse sobre el techo de la furgo para pasar la noche. Cuando estábamos preparando la cena, vimos una señal…sí, una señal. Pero no una señal divina ni una del cielo, no… una jodida señal de tráfico que ponía: Prohibido pasar la noche. 450 NZ$ de multa. ¿What the fuck…? Y eso, ¿ De dónde ha salido? ¿Ya estaba allí? Así que recogimos todo y fuimos a buscar un cámping donde pasar la noche. Bueno…. En honor a la verdad… no, no recogimos todo. Exacto. Hicimos unos 12 kms con la mesa encima de la furgo. Y…. Nunca más volvimos a saber de ella.
¡¡Menos mal que teníamos el seguro de cobertura máxima!! Y ¡¡ Menos mal que el tema de la puerta cubrió todo el asunto de la mesa!! ¡Menudo ataque de risa que nos entró! Y aún nos entra al recordarlo.



Cuando viajas, al cabo de los años…

Lo que más recuerdas son las anécdotas que te suceden, y esta sin duda, va a ser una de las que no olvidaremos nunca. Por todo lo demás, Nueva Zelanda es un magnífico lugar. No miento si digo que esperamos volver en cuanto nos sea posible. A pesar de algunos “infortunios” que hemos tenido en este país nada puede borrar la sensación de que realmente, Nueva Zelanda, es un lugar diferente. Lugar a visitar obligatoriamente una vez en tu vida como mínimo. Si te han entrado ganas de saber sobre Nueva Zelanda y qué hacer por ahí, puedes visitar éste link https://www.exploralabola.com

Disfruten.

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